Acompañar el duelo en el contexto escolar

La contingencia sanitaria ocasionada por la Covid-19 ha traído consigo una gran cantidad de cambios y retos para niños, niñas, adolescentes y adultos en la forma en que se vive la cotidianidad. Dentro de estos cambios, los menores han tenido que adaptarse a una educación virtual, lo que ha significado un quebranto en una de sus redes de apoyo principales: la escuela, ya que es uno de los espacios en donde reciben mayores herramientas para sus procesos de aprendizaje, gestión emocional, acompañamiento y desarrollo. Sumado a esto, la pandemia ha significado para estas poblaciones el tener que enfrentarse por primera vez a la experiencia de muerte, de forma directa o indirecta, por lo que el contar con una red de apoyo como la de la institución educativa se hace aún más urgente.

De acuerdo con la resolución 777 del 2021 publicada por el Ministerio de Salud, a partir del 15 de julio del 2021 se dio aval para que los colegios en el país retomaran actividades educativas en modalidad presencial (1), generando que a la fecha gran parte de los niños, niñas y adolescentes estén asistiendo de nuevo a su institución educativa. Teniendo esto en mente, las instituciones educativas deben estar preparadas para hacerle frente a la gran cantidad de alumnos y alumnas en duelo por muerte con quienes se toparán en el regreso a la presencialidad, quienes probablemente llegarán con preguntas y dudas con relación a esas experiencias a las que se están enfrentando, por lo que ahora más que nunca necesitan ser escuchados, acompañados y educados en la muerte y el duelo para facilitarles y promover que vivan esta experiencia de una forma sana. 

La experiencia de pérdida de niños, niñas y adolescentes en pandemia

Durante la pandemia, niños, niñas y adolescentes se han enfrentado a la experiencia de muerte a través de la pérdida de personas cercanas a la familia, a la comunidad educativa a la que pertenecen, cuando un compañero ha perdido a un ser amado y no saben cómo acompañarlo, o simplemente a través de las noticias y constante información a la que están expuestos, que a muchos les ha llevado a hacerse sus primeras preguntas sobre esta temática o sobre la posibilidad de que ellos o alguien cercano muera. Para otros menores esta experiencia de pérdida ha sido más cercana: según un estudio publicado por la revista The Lancet, alrededor de más de 30.000 niños, niñas y adolescentes en Colombia se han tenido que enfrentar a la muerte de uno de sus padres o cuidadores primarios durante el último año y medio que llevamos de pandemia (8); y con la pérdida de estas figuras se han tenido que enfrentar a otras pérdidas secundarias como la pérdida de la estabilidad económica, la posibilidad de seguir estudiando, la pérdida de la seguridad en el mundo, la pérdida de un hogar, de espacios de juego y dispersión, entre otras; constituyéndose de esta forma en un factor de riesgo para su salud mental, al representar un vacío evolutivo.

Adicional a los factores de riesgo que conlleva perder a un cuidador primario, las muertes por Covid-19 tienen unas particularidades que incrementan aún más el riesgo de desarrollar problemas de salud mental: son muertes rápidas e inesperadas, no hay posibilidad de acompañar el proceso de enfermedad y muerte, y en muchos casos los rituales funerarios son restringidos; lo cual implica que haya mayor dificultad para asimilar la pérdida. Esto deriva en que las manifestaciones del duelo se vivan con mayor intensidad, y pueda desencadenar en duelos complicados.

¿De qué forma afectan estas pérdidas a niños, niñas y adolescentes?

A pesar de que los menores de edad no se han visto afectados por la Covid-19 como los adultos en términos de enfermedad, la alta tasa de mortalidad de estos sí ha tenido consecuencias graves en la salud mental de los niños, niñas y adolescentes cuando se ha tratado de la pérdida de uno de sus padres o cuidadores primarios, llegándose a decir que nos encontramos ante una “pandemia oculta de orfandad” derivada del Covid-19 y otras causas enmarcadas en la pandemia (8). Algunas de las consecuencias a las que podrían enfrentarse los menores, a corto y largo plazo, derivadas de estas pérdidas son:

  • Mayor riesgo de presentar traumas debido a la falta de un acompañamiento emocional adecuado.
  • Problemas socioeconómicos de gran importancia, incrementando el riesgo de deserción escolar y de que su calidad de vida disminuya.
  • La probabilidad de ser institucionalizados, elevando el riesgo de tener retrasos en su desarrollo, mayor exposición al abuso y el desarrollo de problemas de salud mental.
  • Incrementa el riesgo de embarazo adolescente, enfermedades infecciosas como el VIH/SIDA, y el desarrollo de enfermedades crónicas.
  • Mayor vulnerabilidad a desarrollar problemas de salud mental como estrés post-traumático, depresión, ansiedad, abuso de consumo de sustancias e intentos de suicidio.

De no intervenir oportunamente, los menores que se han enfrentado a este tipo de pérdidas podrán tener entonces un impacto negativo no solo a nivel psicosocial sino también a nivel neurocognitivo, socioeconómico y biomédico. Estas consecuencias podrían agravarse por el aislamiento derivado de las medidas preventivas por la pandemia, el cierre de escuelas, la posibilidad de participar de los rituales de despedida y una red de apoyo debilitada (8).

¿Por qué hablar de la muerte y el duelo en el contexto escolar?

La institución educativa, es el lugar en donde niños, niñas y adolescentes pasan la mayor parte de su tiempo, pero además, es un espacio de transmisión, no solo de conocimientos académicos sino también de múltiples culturas, prácticas y expresiones sociales, como lo son la muerte y el duelo (2); además, al ser uno de los agentes socializadores primarios, su papel en la educación emocional se hace indispensable. Es por ello que su rol en el acompañamiento y apoyo de estos procesos es fundamental para favorecer la sana elaboración del duelo, haciéndose imprescindible el abordaje de estas temáticas desde este escenario.

Incluir la muerte en la educación, es educar para la vida; el duelo es un camino que todos en la vida tendremos que recorrer, tanto adultos como niños, niñas y adolescentes, y es que a lo largo de la vida se van a presentar diversas experiencias de pérdida: de vínculos, de capacidades, de aspectos de sí mismo, pérdidas materiales o asociadas al desarrollo, y entre esas, la pérdida de la vida de seres queridos. No hablar y educar sobre estas temáticas disminuye las posibilidades de que desarrollen sus propios recursos y herramientas para hacer frente a estos escenarios (3, 4,5). 

Es por ello que se hace urgente y necesario educar a estas poblaciones y a sus redes de apoyo (familia, cuidadores, educadores e instituciones) en la muerte y el duelo, en comprender la muerte como parte del ciclo natural de la vida, ya que por un lado, poder acercar a los niños y niñas a este tema desde edades tempranas les permitirá naturalizarla y tener mejores herramientas para afrontarla cuando vivan la pérdida de un ser querido; del mismo modo, poder explicarles qué es el duelo, cuándo se experimenta y qué es esperable que sintamos cuando lo estamos viviendo, les permitirá a niños y adolescentes tener mayor sensación de control y seguridad al momento de experimentar una pérdida. Y por otro lado, porque la elaboración del duelo en la infancia y adolescencia, a diferencia del duelo en la adultez, depende plenamente en el acompañamiento emocional y las herramientas de afrontamiento que reciban de parte de su red de apoyo cercana, entre esos, sus cuidadores primarios y la escuela.

De este modo, que las instituciones educativas cuenten con la disposición y los saberes técnicos para realizar un adecuado acompañamiento a la población infanto-juvenil en duelo desde este escenario se hace importante, ya que, el trabajo en red entre escuela, familia y comunidad, es primordial (6).

Podemos decir entonces que gran parte de la importancia de abordar estas temáticas desde este contexto, radica en que las instituciones educativas son un entorno protector para los niños, niñas y adolescentes en duelo, ya que les brinda un escenario habitual, en donde pueden sentirse acompañados, contenidos y también, en donde, a partir de actividades de socialización como el juego y el compartir con sus compañeros y docentes pueden encontrar mayores posibilidades y herramientas para comprender y transitar esa experiencia de pérdida.

Adicionalmente, debemos tener en cuenta que al ser la institución educativa uno de los espacios donde estas poblaciones pasan la mayor parte de su tiempo, muchas de las manifestaciones de su duelo se van a expresar allí. Es por ello que educar en muerte y duelo dentro de la institución, no solo a los menores sino también a profesores, psicólogos y directivos, les permitirá tener mejores recursos para saber identificar dichas expresiones de duelo de los menores que suelen diferenciarse de la forma en que los adultos manifiestan su duelo, y así poder realizar un seguimiento y acompañamiento adecuados.

Manifestaciones del duelo en el ambiente escolar y cuáles pueden ser señal de alarma

Los niños, niñas y adolescentes, al no contar aún con una maduración cerebral suficiente, el desarrollo de su lenguaje aún está inmaduro, por lo que no tienen la capacidad para expresar sus experiencias emocionales de la misma forma que lo haría un adulto, a través de sus palabras, llevando a que esta, y por tanto de duelo, se exprese principalmente a través de la conducta; esto genera que muchas veces las manifestaciones de su duelo se malinterpreten como intenciones del menor de hacer daño a otros o como síntomas de trastornos mentales, por lo que se hace tan importante conocer cuáles pueden ser esas manifestaciones esperables ante una experiencia de pérdida, de modo que podamos realizar un adecuado acompañamiento. Dentro del ambiente escolar, las manifestaciones de duelo infanto-juvenil más comunes que pueden presentarse son (4):

  • Dificultad atencional y, por tanto, la capacidad de memorización disminuye.
  • Disminución del rendimiento académico derivado de lo mencionado anteriormente.
  • Inquietud motora y conductas hiperactivas asociadas a la ansiedad normal que puede generar la pérdida. Esto puede forjar la necesidad de estar saliendo constantemente del salón o estar en movimiento constante durante las clases, dificultando su capacidad de estar sentado por largos periodos de tiempo.
  • Labilidad emocional, llanto e irritabilidad.
  • Manifestaciones sociales de aislamiento, rebeldía y/o agresividad.
  • Juego simbólico asociado a la experiencia de pérdida.
  • Dificultad en el control de esfínteres en la infancia.
  • Ansiedad por separación reflejada en la dificultad para volver de forma presencial a la institución educativa o en la necesidad de estar en contacto frecuente con su familia.
  • En la adolescencia se pueden presentar conductas de riesgo como consumo de SPA, sexualidad temprana y sin cuidados, involucrarse en peleas físicas e ideas de muerte. Estas conductas desde el principio representan una señal de alarma que debe ser abordada inmediatamente.

La mayoría de las manifestaciones mencionadas anteriormente son esperables, sin embargo, si después de pasados entre 3 y 6 meses expresiones como la ansiedad por separación, las regresiones en el desarrollo, el bajo rendimiento escolar, la ansiedad, ideas de muerte, y el absentismo escolar persisten, entonces debemos empezar a verlas como señales de alarma que nos hablan de que para ese estudiante está siendo retador tramitar su experiencia de pérdida (7).

Todas estas manifestaciones pueden implicar para el menor, como consecuencia del impacto emocional derivado de la experiencia de duelo, un reto a la hora de adaptarse nuevamente a su entorno educativo y sus compañeros. Por lo cual, es esperable que la motivación frente al estudio disminuya y su rendimiento académico también. Es por ello que un adecuado acompañamiento de parte de la institución en este proceso se hace indispensable para favorecer una adecuada adaptación a la nueva realidad que el menor enfrenta, fortalecer su red de apoyo y evitar la deserción escolar.

Recomendaciones para acompañar a los menores en duelo desde el entorno escolar:

  • Educar en la muerte y el duelo a los estudiantes, como parte del ciclo de la vida con el fin de que puedan naturalizar esta experiencia y tener mejores recursos a la hora de afrontarla.
  • Psicoeducar en muerte, duelo y pautas de crianza a familias, maestros, directivos y psicólogos de la institución para fortalecer la red de apoyo de los menores y brindarles mejores herramientas de acompañamiento emocional ante dicha situación de crisis.
  • Ayudarles a los menores a comprender lo que están viviendo desde los diferentes aspectos: emocional, cognitivo, comportamental, social y espiritual, para que puedan tener mayor sensación de control frente a la experiencia de pérdida.
  • Acompañar de manera respetuosa al niño en duelo, teniendo en cuenta sus tiempos y particularidades, siendo conscientes de las actividades que se ponen para respetar su dolor; y comprender sus manifestaciones como parte del proceso al tiempo que se acompañan.
  • Permitirles el poder llevar a la institución su objeto transicional, que le ayudará en la elaboración de su pérdida, en caso de tenerlo.
  • Abrir espacios de expresión emocional a través del juego, la lectura de cuentos, la reflexión de películas o actividades artísticas que les permitan darle un lugar a sus emociones y que faciliten la tramitación de la experiencia.
  • Facilitar espacios conmemorativos para sus familiares fallecidos o la persona de la comunidad académica fallecida, en donde el menor pueda participar y le permita sentirse acompañado por sus compañeros y profesores.
  • Brindar herramientas de acompañamiento a los compañeros del alumno en duelo y resolver de forma grupal sus dudas frente a lo acontecido con información veraz y objetiva, evitando así que se generen rumores que puedan afectar al doliente, y favoreciendo que los estudiantes desarrollen mejores habilidades socioemocionales para este tipo de situaciones, a la vez que el estudiante en duelo se siente acompañado.
  • Valorar la flexibilidad curricular para el estudiante en duelo: teniendo en cuenta los tiempos, particularidades y recursos de afrontamiento de cada niño con relación a su experiencia de pérdida, para favorecer la adaptación escolar.
    Realizar seguimiento y trabajo en equipo con la familia del niño en pro de su acompañamiento: escucharlas, explicarles y compartir con ellas el plan de trabajo. Procurar que todas las versiones de los hechos que reciben los/as niños y las niñas tengan coherencia. Informar a la familia sobre los avances, retrocesos, logros y dificultades del niño en su proceso de aprendizaje. Proponer la valoración psicopedagógica del alumno, si es necesario.
  • Permitirle al estudiante en duelo contacto con su familia cuando lo necesite, teniendo presente que ante una pérdida significativa puede aparecer la ansiedad por separación derivada del miedo a que pueda perder a alguien más de su familia.
  • Elaborar rutas de acompañamiento y dejarlas claras: hacerle saber al niño a qué personas de la institución puede recurrir cuando lo necesite.

21 de agosto del 2021
Redactado por Andrés Guillermo Rojas y Alejandra Robayo Ramírez

Referencias bibliográficas:

  1. Esquerde, M. & Giralt, Claudia. (2015). El duelo en los niños. Facultad de Medicina. Universitat de Lleida. bioètica & debat · 2015; 21(76): 17-21
  2. Brisach, G. & Calvo, P. (2012). Guia del duelo en el ámbito escolar. Curso de Intervención Psicosocial en Desastres.
  3. Andonegi, I., Ormazábal, T., Pascual, A.M., Rosas, R., Ugalde, A. (2016). Orientaciones para uma actuacion educativa em processos de duelo: guia practica para centros educativos.
  4. Artaraz, B., Sierra, E., Gonzalez, F., Garcia, J., Blanco, V., Landa, V. (2017). Guía sobre el duelo en la infancia y la adolescencia: formación para madres, padres y profesorado. Colegio de médicos de Bizkaia.
  5. Apezetxea, A. (2015). El duelo en educación primaria: propuesta de intervención. [Trabajo de grado para la titulación en Maestro de educación primaria].
  6. Tocora, S., García, I. (2018). La importancia de la escuela, el profesor y el trabajo educativo en la atención a la deserción escolar. Varona. Revista Científico Metodológica, (66, Supl. 1), e24.
  7. Redacción Educación. (3 de junio de 2021). Así será el regreso a clases presenciales tras anuncio de reactivación. El Tiempo.
  8. Revista The Lancet. Global minimum estimates of children affected by COVID-19-associated orphanhood and deaths of caregivers: a modelling study. 2021