Actitudes asumidas frente a la muerte

Sabemos que la muerte es un tabú. Nos incomoda hablar de ella a menos que estemos en un “lugar para la muerte”, es decir, un hospital, una sala de velación o un cementerio. Tan es así que usamos eufemismos para nombrarla: “se fue”, “perdimos a…”, “descansó”, “se fue al cielo”, “el señor se lo/la llevó”; y también le ponemos normas, como si pudiéramos controlarla: “los padres deben morir primero”, “debemos morirnos de viejos”, y así, otro sin fin de frases y reglas que le ponemos a la muerte, pero poco nos preguntamos: ¿cómo me gustaría morir?

Evitamos tanto hablar de la muerte que nos olvidamos que gracias a ella la vida cobra un sentido, ser conscientes de nuestra finitud es lo que nos motiva a aprovechar la vida, a disfrutar cada momento y a valorar cada detalle. Somos la única especie que sabe que se va a morir, y en lugar de aprovechar ese saber le huimos y nos sorprendemos cuando llega el momento. Sin embargo, es importante recordar que lo único seguro y estable en la vida, que no está bajo nuestro total control, son los cambios y la muerte, que además no se excluye, pues si hay algo que genere grandes cambios y transformaciones en los que seguimos vivos, es la muerte de nuestros cercanos.

Frente a todo esto, Concepció Poch (1) nos explica en su libro “La muerte imparable” cinco diferentes actitudes que podemos asumir frente a la muerte, tanto la propia como de los demás, que son interesantes para revisar e intentar pensar nuestra vida y muerte:

1.    Negación e indiferencia: se trata de una evitación emocional de la muerte: “no hables de eso”, “no lo digas”, “no me quiero morir”, y que se extiende también a la enfermedad. Sabemos que la muerte existe, pero nos aterra profundamente, por lo que asumimos una posición “cómoda” pero que también causa mucha angustia: no me gusta, me asusta, no lo hablo y no lo pienso, así tengo la idea de que me libero de ella, aunque sea simbólicamente, pero cuando toca a mí puerta la angustia es intensa.

2.    Omnipotencia y desafío: es una forma “velada” de la negación. Recordemos que en la negación no hay un desconocimiento de la muerte, es más bien una actitud emocional que la coloca lejos de nosotros. En este caso, la actitud desafiante nos hace sentir omnipotentes, creemos que podemos retar y controlar la muerte, lo cual es una forma de negarla, lo que nos lleva a vivir tomando muchos riesgos tanto para nosotros mismos como para los demás. Ejemplos de esta actitud la encontramos en algunos deportistas extremos, en conductores irresponsables e incluso en algunos médicos que se consideran lo suficientemente poderosos como para evitar la muerte de sus pacientes.

3.    Miedo o angustia: las personas con esta actitud frente a la muerte experimentan varias “muertes” a diferencia de los demás. Los pensamientos son reiterativos, aparentemente muy profundos y filosóficos: ¿Cuándo moriré? ¿cómo moriré? ¿me espera algo después o iré a la nada? Estas personas se ocupan tanto de la muerte que se olvidan de vivir, pues constantemente están imaginando su muerte e incluso llegan a convencerse de estar muriendo y que esa muerte va a ser tan mala como la sienten. Se vuelve un temor obsesivo que hace que nos alejemos de la vida y nos concentremos en la incertidumbre que trae la muerte, que son asuntos que se salen de nuestro control, creando altos niveles de angustia.

4.    Realismo y aceptación: esta es una actitud pragmática en la que se acepta la muerte como una realidad radical. “Cuando la muerte llegue yo dejare de existir entonces no me preocupa”. Sin embargo, es una actitud que no incluye reflexión sobre el significado de la finitud, ya que es externa a nuestro ser, es una aceptación cargada de resignación: “no podemos hacer nada para evitarlo, todos nos vamos a morir”.

5.    Liberación o libertad: esta es una actitud que se encuentra muy común en personas con enfermedades crónicas o situaciones de salud que implican una calidad de vida poco satisfactoria, e incluso en algunos ancianos. La muerte significa liberarse de una vida cargada de dolor y sufrimiento.

La actitud que asumimos frente a la muerte va a depender del sentido y significado que le otorguemos a nuestra propia vida, no podemos decir que una sea más apropiada que otra, pues eso va a depender de nuestra individualidad. Sin embargo, sí es importante que se pueda aceptar y reconocer que la propia muerte es inevitable y que la muerte de un ser querido siempre será dolorosa.

Sin importar si te identificas o no con estas actitudes propuestas por Concepció Poch, o si encuentras otras, nuestra invitación es la misma: ¿cómo estás viviendo tu vida hoy que estás vivo? ¿la estás disfrutando?

Referencias

1. Poch, Concepció . La muerte imparable. Barcelona : Oberta UOC Publishing, SL, 2015.