Apego Vs. Dependencia: ¿cómo influyen en el duelo?

El apego y la dependencia son dos conceptos que muchas veces se usan como sinónimos, por lo que el primero termina catalogándose como negativo y se le atribuyen la causa de los procesos de duelo difíciles. De este modo, es pertinente diferenciarlos y explicar cómo influye cada uno en el duelo.

El apego es un concepto de las teorías de la psicología del desarrollo descrita por primera vez por el psicoanalista británico John Bowlby, en la que explica que la formación de vínculos afectivos estrechos y significativos es una necesidad humana[1], fundamental para el desarrollo y la supervivencia[2]. Ahora, no todos los vínculos son iguales, la forma de relacionarnos con los demás va a depender de cómo nos vinculamos con los otros desde nuestros primeros años, porque también aprendemos a relacionarnos. Así, existen diferentes tipos de apego (seguro, inseguro-ambivalente, inseguro-evitativo y desorganizado) que se forman a partir de “la primera relación del recién nacido con su madre o cuidador principal que se supone constante y receptivo a las señales del pequeño” y que se reproduce en todas las relaciones entre pares que formamos a lo largo de la vida[3]. Esa es la razón por la que las teorías del apego son tan mencionadas cuando se trabaja sobre primera infancia, pues nuestro tipo de vinculación depende de la forma como un cuidador primario se relaciona con nosotros en nuestros primeros años.

Con esto, Bowlby explica cómo se forman nuestros patrones de relación con otras personas y con el mundo, es decir, qué tan confiados y seguros nos sentimos para establecer vínculos significativos, para explorar el mundo y sentir que alguien nos puede sostener si nos caemos, para cuidarnos, buscar protección y relacionarnos con otros no significativos[4]. Esto quiere decir que el apego es un sistema que nos ayuda a regular nuestras emociones frente a las diferentes experiencias que vivimos¹.

De esta manera, cuando vamos creciendo y desarrollando estos vínculos afectivos, la seguridad que se configura en nosotros depende en gran medida de que podamos alejarnos de nuestra figura de apego para explorar el mundo o relacionarnos con otros, pero siempre es posible volver a ella, por lo que crecemos con la idea de que esa relación segura es recuperable² (si deseas leer más sobre la teoría del apego revisa las referencias de este artículo). Y esto no es malo, es necesario para un sano desarrollo, y de hecho nos ayuda a explicar el impacto psíquico del proceso de duelo.

Cuando se produce la muerte de una figura significativa, implica la pérdida de un vínculo que no es recuperable como lo conocíamos, por lo que es entendible que la angustia y el dolor sea muy fuerte, ya que el mundo se nos desorganiza y nos sentimos inseguros en este. En este sentido, podemos entender mejor las fases del duelo: la fase de shock y negación responde al impacto de saber la pérdida de ese ser querido significativo con el que teníamos un vínculo afectivo importante, es una etapa de mucha confusión, nos sentimos inseguros y profundamente tristes o enojados (tal como puede actuar un niño cuando su cuidador primario lo deja en la guardería), buscamos al ser querido fallecido y nos aferramos a sus pertenencias, se activa la conducta de apego y la de miedo a los extraños, ya que no encontramos consuelo fácilmente. En la fase de desesperación y entrega al dolor nos hacemos conscientes de la pérdida, pero posiblemente continuemos buscándola, puede ser difícil decidir qué hacer con sus pertenencias, hasta que, en un proceso normal, hay una renuncia simbólica a ese vínculo afectivo, a esa figura de apego, lo que no significa un “desapego”, sino que implica darle a esa relación un significado diferente en el que prima el recuerdo de lo perdido, de esta forma se empieza a disminuir la conducta de apego sin que se active completamente la de exploración y afiliación. Finalmente, en la fase de reorganización y recuperación, el dolor comienza a pasar y empezamos a sentirnos más tranquilos con la ausencia del ser querido, miramos a futuro y reactivamos nuestras actividades y relaciones sociales, activando así los sistemas de exploración y afiliación, lo que significa que volvemos a nuestro equilibrio psíquico en nuestras relaciones con los otros y el mundo, y podemos volver a vivir.

Todo lo anterior describe un proceso de duelo normal, en el que nuestro estilo de apego va a influir en cómo vivimos esa experiencia, pero no lo hace necesariamente malo o desadaptativo.

Ahora, la dependencia, por su parte, se deriva de unos estilos de apego específicos, en los que nuestra seguridad ante el mundo depende de la presencia de otro, llegando incluso a anular nuestras propias capacidades. No es un apego en sí mismo, sino un patrón que tienen algunas personas en la forma de relacionarse afectivamente y que se repite a lo largo de la vida, siendo especialmente visible en las relaciones de pareja y que se compone de factores emocionales, cognitivos y conductuales[5]. Se caracteriza por la búsqueda constante de proximidad con el otro para evitar la sensación de soledad y de vacío, el problema es que genera mucho malestar porque las personas se esfuerzan mucho en esto, pero pocas veces sienten que lo logran[6].

Por eso, para las personas que se relacionan de forma dependiente puede ser más difícil elaborar un duelo, ya que, ante la pérdida de un ser querido significativo, el desequilibrio psíquico no se produce ante la ausencia de esa persona sino hacia la valoración que la persona hace de sí misma en un mundo sin ella, de modo que la reorganización y recuperación supone un reto más complejo [7].


[1] Fonagy P. Persistencias transgeneracionales del apego: una nueva teoría. Revista Aperturas Psicoanalíticas [Internet]. 1999;(003). Available from: https://aperturas.org/articulo.php?articulo=0000086&a=Persistencias-transgeneracionales-del-apego-unanueva-teoria

[2] Worden JW. El apego, la pérdida y la experiencia del duelo. In: El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia [Internet]. 4a. edición. Ediciones Paidós; 2013. Available from: https://www.ecofuneral.es/wp-content/uploads/2018/10/williamworden_duelo.pdf

[3] Moneta M. Apego y pérdida: redescubriendo a John Bowlby. Rev Chil Pediatría [Internet]. 2014 Jun;85(3):265–8. Available from: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0370-41062014000300001&lng=en&nrm=iso&tlng=en

[4] Oliva A. Estado actual de la teoría del apego. Rev Psiquiatr Psicol Niño Adolesc [Internet]. 2004;4(1):65–81. Available from: https://psiquiatriainfantil.org/numero4/Apego.pdf

[5] Escudero DM. Fases de la dependencia emocional [Internet]. ME Psicólogos. 2018 [cited 2020 May 17]. Available from: https://mepsicologo.com/blog/fases-dependencia-emocional/

[6] Gratacós R. Diferenciar apego y dependencia emocional [Internet]. Lanza Digital. 2015. Available from: https://www.lanzadigital.com/provincia/ciudad-real/diferenciar-apego-y-dependencia-emocional/

[7] Rios P. Duelo patológico y dependencia emocional [Internet]. Bendita Hermana Muerte. 2012 [cited 2020 May 17]. Available from: http://hermanamuerte.blogspot.com/2012/07/duelo-patologico-y-dependencia-emocional.html