El duelo en tiempos de Covid-19

Ana Carolina Calvo Orrego, Verónica Turizo Peláez,
Alejandra Robayo Ramírez
23 de Julio 2020

Las medidas para enfrentar la pandemia han implicado radicales cambios en nuestra cotidianidad, que han expuesto grandes vulnerabilidades de nosotros como individuos y como sociedad. Entre las áreas de vida afectadas por la pandemia tenemos las experiencias de enfermedad y muerte, que se presentan en unas condiciones radicalmente diferentes a otros momentos.

Existen algunas características y variables de la situación actual que están influyendo en la manera en que se vivencia la muerte de un ser querido y que, por tanto, contribuyen a que se dificulte la elaboración del proceso de duelo.

  • Limitada comunicación con los profesionales de salud: las dificultades para una información fluida con los profesionales que atienden al ser querido, dejan muchas dudas sobre cómo fueron los últimos días o minutos y el momento exacto del fallecimiento; esto puede causar mucho malestar emocional, preocupación e ideas recurrentes asociadas que nos invaden. 
  • Las circunstancias de la muerte: independientemente de la causa de la muerte, la posibilidad de acompañar el proceso del final de la vida, de concluir asuntos pendientes con nuestros seres queridos, de tomar decisiones y expresar y recibir todo el afecto posible, están hoy disminuidos; el no poder estar presente en estos momentos puede acarrear sentimientos de culpa y muchas interrogantes sobre si se hubiera podido evitar o si se hubiera podido hacer algo más. En el caso de la Covid-19, la enfermedad evoluciona rápidamente y las muertes se dan en un corto periodo de tiempo, además de que los protocolos indican un proceso crematorio inmediato cuyas cenizas se entregan a la familia sin ningún ritual posible, lo que no da tiempo para asimilar lo sucedido y dificulta el proceso de aceptación de la muerte. Es una muerte rodeada por la incertidumbre, por la soledad y muchas veces con la posibilidad de la propia enfermedad, si es que la persona fallecida vivía con nosotros o tuvo contacto reciente, o si el contagio de ese ser querido se dio a través de nosotros.
  • No poder realizar rituales de despedida: como hemos hablado anteriormente, los rituales funerarios tienen un papel muy importante en el proceso de elaboración del duelo, por lo que su prohibición hace que sea más difícil asimilar y aceptar la muerte de un ser querido, no tener el apoyo social que estos ritos convocan, nos quedamos sin la actividad estructurada que implica un funeral que nos permite canalizar nuestra atención y energía en ese momento para poder darle un lugar tangible a la muerte y a nuestra expresión emocional. Esto puede desencadenar en sentimientos de impotencia y culpa, ya sea por no poder darle una muerte digna al ser querido debido a las restricciones o a los protocolos sanitarios, o por no poder estar presente debido al confinamiento, la lejanía o por la propia enfermedad. Sin todo esto, el doliente corre el riesgo de mantenerse en la fase de shock del duelo, sin poder hacer consciente y real la muerte generando que el “darse cuenta” que nos permite asimilar el fallecimiento quede aplazado para cuando “todo esto pase”, cosa que, además, no sabemos cómo ni cuándo va a ser.  
  • Participación en los cuidados: si se cumplía un rol fundamental en los cuidados del ser querido fallecido o se convivía con él, pueden surgir sentimientos de culpa por no haber hecho “lo suficiente”, por no haber podido estar presente en el final de su vida, por no haberlo visitado con mayor frecuencia o por haber sido la fuente de contagio al haberle visitado.
  • Red de apoyo debilitada: el apoyo social y/o familiar son fundamentales en el proceso de duelo, por eso una falta de apoyo o acompañamiento puede incrementar el sufrimiento, lo cual puede ser común en este tipo de situaciones por las múltiples restricciones.
  • Múltiples pérdidas: las familias pueden experimentar al tiempo una o múltiples pérdidas de seres queridos por el virus y, además, sufrir otro tipo de pérdidas de manera simultánea y en poco tiempo (materiales, relacionales, de salud, etc), aumentando la intensidad de los sentimientos como desesperanza, impotencia y falta de control y, por tanto, incrementando el riesgo de afecciones en la salud mental.
  • El estigma que rodea la enfermedad: los familiares o personas cercanas del fallecido no solo deben afrontar la muerte de su ser querido, sino también el estigma y rechazo social de otros por haber estado contagiados, lo cual puede también impactar de forma importante el apoyo social y constituir un factor de riesgo para la salud mental.

¿Cómo se afecta el proceso de duelo con la situación actual?

Dichos factores impactan directamente la forma en que se elabora el duelo, y aunque hay muchas otras variables que influyen en este proceso, y debemos recordar que cada persona vive el duelo de forma diferente, en términos generales podemos decir que es posible que la fase de shock, en la que es común la negación, se acentúe debido a la dificultad de materializar las despedidas a partir de los rituales que acompañan estas realidades. Esto puede provocar sensación de irrealidad debido a no poder ver lo que está ocurriendo, aunque racionalmente se conozca y entienda lo sucedido, sin contar con lo inesperado de algunos fallecimientos, puede hacer que sea más difícil de asimilar.

Especialmente, la forma en que nos ha obligado a vivir la enfermedad y muerte de nuestros seres queridos implica un riesgo para que se desarrolle un duelo ambiguo y por tanto complicado por la sensación de no haber podido acompañar al familiar enfermo ni despedirnos; además, el hecho de ser una experiencia repentina para la cual no estamos preparados, implica que las emociones se experimenten de forma más intensa y fluctuante. Pueden presentarse sentimientos de incertidumbre, soledad, desesperanza, culpa y/o impotencia, además de una dificultad en aceptar la muerte al no poder acompañar ni despedirse de ese ser querido, a lo cual se le llama duelo ambiguo.

El duelo ambiguo es aquel en el que hay una dificultad en la aceptación del fallecimiento debido a la inexistencia de un cuerpo físico del fallecido que constate su muerte (como las desapariciones forzadas o en el caso de seres queridos que fallecen por Covid-19 que no podemos ver su cuerpo sino que se nos entregan sus cenizas), lo cual impide que los familiares puedan realizar los rituales de despedida, que son fundamentales para el proceso de elaboración del duelo y aceptación de la muerte, llevando a que aparezcan con frecuencia preguntas como: “¿realmente estará muerto(a)?” “¿y si ha sido un error?”. De modo que este tipo de duelos se caracterizan por una actitud de negación prolongada ante la muerte, en la que se mantiene la esperanza de que la persona regrese, provocando intensos sentimientos de incertidumbre y estrés que pueden desembocar en un duelo complicado.

¿Por qué estos cambios constituyen un factor de riesgo para el proceso de duelo?

Todos los cambios mencionados, cuando afrontamos la muerte de un ser querido, nos pueden llevar a vivir un duelo ambiguo, que como se dijo, se caracteriza por la dificultad de la aceptación de la pérdida por la ausencia de los estímulos que nos ayudan poco a poco a ser conscientes de ella y así adaptarnos a la vida sin esa persona, que es el fin último de un proceso de duelo. 

Si este duelo no se resuelve, la pérdida no se hace consciente y esto puede significar para muchas personas el desarrollo de un duelo complicado, lo que trae dificultades en la vida diaria en sus diferentes esferas (relacional, familiar, laboral, educativo, social, etc.) porque hay una carga emocional que no se tramita y pesa, aunque se siga siendo funcional o una disminución de la funcionalidad por dificultades para separarnos de eso doloroso e incomprensible en muchos momentos. 

El duelo complicado no lo tratamos en sí mismo como un trastorno mental, sino como un problema de salud mental que nos pone en riesgo de desarrollar enfermedades de diferentes tipos, mentales y físicos; trastornos depresivos y de ansiedad, estrés postraumático, alteraciones del sueño, e incluso enfermedades cardiovasculares. 

El rol de los ritos fúnebres y el impacto de su prohibición 

Los rituales de despedida son actos simbólicos que nos permiten expresar lo que sentimos por una pérdida y realizar la transición de esta al facilitar poner orden al estado emocional por el que estamos atravesando, y dar sentido a los cambios vitales que se derivan de la pérdida; además nos permiten construir socialmente significados compartidos.

De esta manera, los rituales permiten aumentar el sentido de seguridad y conexión con los demás, reduce el estrés, la ansiedad y la impulsividad. Favorece el apoyo social y la regulación y expresión emocional. Ayudan a iniciar el proceso de duelo con el reconocimiento y aceptación de la pérdida estimulando a su vez las despedidas que dan pie a la reorganización de la vida. 

Es por esto que, la no realización o postergación de estos rituales, independientemente de las creencias religiosas y espirituales, puede implicar una seria afectación a la salud mental, física y espiritual de los dolientes, ya que al no poder ponerle un fin al momento de shock y caos, y un inicio al duelo, el estrés y malestar aumentan y se dificultan los procesos de separación, despedida y aceptación de la pérdida; además de que sin estos espacios la activación de redes de apoyo no se da naturalmente, afectando por tanto al duelo y poniendo en alto riesgo la salud mental de las personas, pues podría derivar en duelo complicado (ver Duelo complejo o prolongado)

Alternativas para este tiempo de crisis

En este sentido, si eres una persona que está pasando por un proceso de duelo en confinamiento, te recomendamos realizar algunas acciones que te permitirán sobrellevar de una manera más sana el momento por el que estás pasando, la resignificación de la pérdida y la reorganización de tu vida después del fallecimiento de tu ser querido:

  • Despídete y concluye asuntos pendientes: esto es importante porque nos ayuda a volver real la muerte, que muchas veces es una situación confusa. Independientemente de las prácticas religiosas o espirituales, despedirnos y concluir asuntos pendientes con esa persona es muy importante, bien sea de manera física y presencial, o simbólicamente; de allí la importancia de los ritos funerarios (ver Funciones y beneficios de los rituales fúnebres), para ello puedes realizar rituales de despedida alternativos que les permitan conmemorar la vida de esa persona y hacer cierres (Ver Rituales de Despedida Alternativos). En este aspecto el hacer uso de las herramientas tecnológicas y digitales puede favorecer la despedida a tu ser querido durante su proceso de enfermedad y posterior a la muerte.
  • Habla y expresa tu dolor: puede ser difícil de creer, pero “darle permiso” al dolor ayuda a que disminuya. Hablar de lo doloroso es una forma de ponerlo fuera de nosotros y eso nos permite irnos liberando poco a poco. Genera espacios de expresión con tu familia donde puedan hablar de cómo se sienten y de qué manera está sobrellevando cada uno la pérdida.
  • Nombra a la persona fallecida: algunas personas creen que seguir nombrando a esa persona o usar la palabra “muerte” en voz alta puede ser más doloroso, pero realmente nos permite volver real la situación y facilita la aceptación, disminuyendo además el temor a olvidar. 
  • Mantén tus redes de apoyo: Intenta mantener un contacto frecuente con tu red de apoyo. En el duelo vivimos unos momentos en los que queremos estar solos y tenemos la tendencia a aislarnos, y eso es normal. Sin embargo, trata de mantener cerca a amigos, familiares, comunidades religiosas, grupos de apoyo si tienes alguno, de forma que puedas tener cerca personas que te ayuden y acompañen en los momentos críticos. El duelo es individual pero no hay que vivirlo completamente solo. 
  • Establecer rutinas, de modo que se favorezca la sensación de control.
  • El proceso de duelo es único y subjetivo, sin embargo, se vive en compañía, por lo tanto, no es recomendable compararse con el proceso de otras personas en duelo, sin embargo, sí es útil compartir la experiencia.
  • Involucrar a los niños y adultos mayores en rituales de despedida, y hablarles con la verdad de acuerdo a su edad.
  • Busca ayuda profesional si la necesitas: la mayoría de las personas atraviesan el duelo sin necesitar el apoyo de un profesional, sin embargo, como es un proceso confuso y cargado de incertidumbre, a veces podemos sentirnos sobrepasados emocionalmente o con dudas sobre nuestro proceso, y eso también es válido. Recuerda que pedir ayuda es una señal de salud mental.