El agua de la gota

Raimon Panikkar (1918-2010) utilizaba esta metáfora del «agua de la gota» para expresar que la experiencia humana tiene una capacidad ilimitada: los seres humanos somos como una gota que, en su fragilidad, se desvanece. Sin embargo, el agua que la conforma nunca desaparece sino que pasa a formar parte del océano de la existencia. 

El agua de la gota

Al principio era el agua, gracias al agua se dieron las primeras formas de vida.

El agua está viva, a diferencia de las plantas, los animales y las personas, el agua no se separa.

El agua es una, es más, ella se transforma continuamente, como un agua única.

La mayoría de las comunidades en el mundo creen que el agua tiene el poder de purificar no sólo por fuera, sino también por dentro, de purificar el corazón y de nacer de nuevo.

Por eso se bautizan y se bañan en las aguas de los ríos sagrados, antes de las fiestas y de entrar a los templos.

Pero el agua, cuando está furiosa, puede también inundar las casas de los pueblos, destruir los campos arrancar árboles y ahogar los barcos, matar.

La vida de los seres humanos se puede comparar con el destino de una gota de agua.

¿Qué pasa cuando una gota de agua cae al mar?

¿Qué pasa cuando una persona se muere?

Para contestar esto es importante hacernos una pregunta.

¿Somos la gota del agua o el agua de la gota?

Miramos por unos momentos la gota de agua que cae al mar: su piel exterior, que la separaba y la hacía diferente de todas las otras gotas, se rompe y la gota deja de existir como gota.

Si comparamos cada persona con esta pequeña gota, ella dura un cierto tiempo y un día esa gota se deshace en el rio o en el mar, ahora podemos decir que su vida terminara con la muerte.

Pero fijémonos ahora en el agua de la gota cuando se mezcla con más agua, ¡no le pasa nada!

Sigue existiendo, sin dejar de ser lo que era.

El agua que un día vuelve al mar no deja de ser agua, incluso cuando la gota se deshace.

En occidente estamos más acostumbrados a pensar las personas como si fueran pequeñas gotas de agua muy diferentes entre sí.

Para algunos, todo se acabó cuando la gota se muere.

Para otros, cada gota que llega al mar se cristaliza para siempre, sin perder su carácter y todo lo que la hacía única.

Oriente, sin embargo, les gusta más pensar en el agua de la que están hechas todas las gotas.

El agua se evapora y sube a las nubes, para luego volver a ser gota de una manera diferente, en un ciclo que no se detiene nunca.

Si bien es cierto que hay un as ola agua, esto no quiere decir que toda el agua sea igual.

El agua puede ser caliente o fría,

Dulce o salada,

Transparente o turbia,

Cada agua tiene un sabor y un aspecto diferentes, que lo hacen único. ¡Como nosotros!

somos una gota de agua que un día cae al mar como un fruto maduro, como una flor que abre todos sus pétalos.

Sin duda muchas cosas cambian o desaparecen entonces, pero el agua sigue siendo agua.

Tal como la gota lleva el agua. También nosotros somos portadores de vida.

La vida como el mar, no puede morir.

Referencia:

Panikkar R. El agua de la gota: Fragmentos de los diarios. 1ra digital. Herder Editorial; 2019. 274 p.