El Duelo en Personas Mayores

Como todas las personas, los adultos mayores también atraviesan procesos de duelo, sin embargo, es muy común que se tienda a sobreprotegerlos a modo de querer que estén lo mejor posible, por lo que muchas veces, sin querer, terminamos infantilizándolos y anulando sus propios procesos normales, como el duelo. Así, se combinan algunas falsas creencias sobre el duelo y sobre la vejez como:

  • Falsa creencia sobre el duelo: “No lo pienses que es peor”, “Si se habla de la persona fallecida se incrementa el dolor”.
  • Falsa creencia sobre la vejez: “Las personas mayores son frágiles” , “Son como niños y hay que protegerlos”, “Es mejor que no hablen del pasado porque los hace más tristes”.

Esta combinación de falsas creencias se vuelve una receta perfecta para el aislamiento social, la invisibilización de sus procesos de duelos y el riesgo para el desarrollo de cuadros depresivos y ansiosos. Y si en la vejez aparecen diagnósticos de trastornos neurocognitivos (demencias) nuestro instinto protector lógicamente se intensifica. 

Sin embargo, es importante que tengamos en cuenta que las personas mayores han desarrollado a lo largo de sus vidas una serie de capacidades y habilidades con las que se han logrado sobreponer a muchos cambios en el tiempo, entre ellos muchas pérdidas (físicas, cognitivas, sociales, familiares, laborales, etc); por eso, decimos que el duelo en el adulto mayor se presenta de formas similares que en cualquier otra persona (1). 

Es cierto que la pérdida de un ser querido en la vejez puede generar o incrementar sentimientos de soledad, ya que para las personas mayores los círculos sociales se van reduciendo con el tiempo y que, también, puede generar angustia porque estas pérdidas dan pie a las preguntas por la propia vida y muerte (2), pero no es cierto que no puedan sobreponerse a esas pérdidas. De hecho, es usual que el adulto mayor logre encontrar estrategias propias para adaptarse, reorganizarse y recuperarse en su proceso de duelo, precisamente porque su consciencia de finitud les permite afrontar la muerte con más tranquilidad (1).

Igual que para todo el mundo, el duelo de una persona mayor va a depender en gran medida de las circunstancias de la muerte, sus rasgos de personalidad, la presencia de patologías, la resolución de duelos previos, sus estrategias de afrontamiento y el grado de apoyo social. E igual que para todo el mundo, la aceptación de la muerte, la expresión emocional, la adaptación a la pérdida y la transformación del recuerdo son los logros esperados en el proceso de duelo. Esto implica que la persona mayor pueda, y en lo posible, debería participar de los rituales fúnebres, se le permita hablar y recordar a la persona fallecida, además de expresar y compartir sus emociones con los cercanos para lograr elaborar su propio duelo. 

Duelo en adulto mayor con demencia

Si la persona  presenta un diagnóstico de trastorno neurocognitivo (demencias), es importante tomar en cuenta el nivel de gravedad y el tipo. Si el caso es de un deterioro cognitivo leve, donde muchas de sus funciones mentales y físicas están preservadas, estimular el recuerdo a través de la conversación y los rituales no solo es una forma de elaborar el duelo, sino que es una estrategia protectora para evitar un rápido deterioro a raíz de esa pérdida (3). Recordemos que las alteraciones afectivas, como la tristeza profunda y la angustia propias del duelo, son un factor de riesgo para un avance rápido del deterioro cognitivo de las personas mayores, especialmente si existe un cuadro de demencia, sin embargo, esto no significa que se les deba inhibir de sentir estas emociones, sino realizar acciones permitan prevenir el incremento de ese deterioro. 

Por su parte, si hablamos de un trastorno neurocognitivo mayor, en el que encontramos diferentes tipos de demencias como el Alzheimer, en un grado moderado, donde la persona todavía reconoce a los otros cercanos y se orienta aunque sea parcialmente, es posible que se presenten alteraciones del estado de ánimo (intensificación de los sentimientos de soledad, la tristeza, el miedo, etc.) y de la conducta (se pueden presentar más desorientados, iracibles y agresivos, disminución del apetito, alteraciones del sueño, etc.). Tengamos en cuenta que la pérdida de un ser querido muy cercano, por ejemplo, la pareja, con quien había una rutina establecida, además de la pérdida en sí misma, esa ausencia implica que se presente un cambio dramático en la rutina, la cual es fundamental para el bienestar y calidad de vida de personas con este tipo de diagnósticos. Por esto, es importante planificar actividades en las que podamos dar espacio para esa expresión emocional del duelo, una reorganización rápida de la rutina, y especial atención a los cambios e intensidad de los síntomas en caso de que sea necesario pedir ayuda profesional, de forma que se pueda garantizar el bienestar de la persona mayor y el nuestro como cuidadores. 

Como se mencionó anteriormente, es importante que estas personas también puedan participar en los rituales fúnebres, ya que es beneficioso para ellos y su propio proceso de duelo, que de todos modos se presenta a pesar del diagnóstico. Sin embargo, es recomendable que asistan con un cuidador reconocido por la persona, con quien se sienta cómoda y segura y, en lo posible, que el rito dure poco tiempo, especialmente si asiste mucha gente, pues las aglomeraciones tienden a causar nervios y angustia. Es por ello que los ritos privados familiares son muy recomendados en estos casos: actividades con la familia cercana dedicadas a recordar a la persona fallecida en relación a la propia historia de la persona mayor, con elementos evocativos como las fotos, la musica, los olores y sabores, pues estos elementos no solo tienen beneficios para el duelo sino también para la memoria. 

La reminiscencia… el poder de recordar

Esa acción de recordar de forma guiada y con ayuda de ciertos elementos, en terminos técnicos se denomina “reminiscencia”, la cual se define como “una actividad mental organizada, compleja y que posee una finalidad instrumental importantísima: la de permitirle al sujeto reafimar su autoestima cuando sus capacidades psicofísicas y relacionales comienzan a perder vitalidad” (4). Esto implica “recordar”, y al recordar se hace una revisión de la vida o una reconstrucción de la historia, lo que nos permite resignificar y estar más tranquilos con esta historia y con el recuerdo de la persona que ya no está.  

La reminiscencia permite integrar el pasado con el presente y reafirmar la identidad de la persona que tiene un deterioro cognitivo y, además, le ayuda a ubicarse en el presente (5). Aquí es importante que cada actividad tenga una intención y objetivo, no se trata de “recordar para huir del presente”. La reminiscencia consiste en pensar o hablar sobre la propia experiencia de vida para compartir recuerdos y reflexionar sobre el pasado, es un ejercicio que se puede hacer de forma estructurada y dirigida con un profesional o con la familia de forma informal (6). 

En el caso de un duelo, es importante que el anciano haga estas actividades con cuidadores o familiares que escuchen sus narrativas, hagan preguntas y traigan esas historias al presente, por ejemplo, reconociendo habilidades, gustos o características que aún se mantienen. Aquí el papel de la escucha del familiar o cuidador es fundamental: escuchar y comprender sus emociones, sus preocupaciones y angustias, además de poder dar respuesta a ellas con palabras afectivas de aceptación, validación, y soluciones simples y prácticas a esas preocupaciones, de modo que pueda conectarse con lo que siente y traer esos recuerdos al presente ayudándolo a resignificar lo que sea necesario (4).

Un ejemplo para estas actividades es la elaboración de un “Libro del Recuerdo”, que contenga fotos, cartas antiguas, recuerdos como entradas al teatro… cualquier cosa que sea significativa para la persona. Este libro debe ser construído en conjunto, dándole la oportunidad de narrar las historias sobre cada elemento que se le coloca allí, y que pueda ver esas historias en perspectiva (para esto puede necesitar nuestra ayuda). 

La estimulación de la memoria de situaciones vitales y de la propia biografía es el objetivo principal de estos ejercicios, sin embargo, también permite trabajar otras funciones que se ven deterioraradas cuando hay diagnósticos de demencias como la atención, el lenguaje, la orientación, etc. (6), además ayuda con la elaboración del duelo y es una oportunidad para estrechar los lazos afectivos e incluso conocer más sobre su historia que de alguna manera también es nuestra. 

Referencias:

  1. Gamo Medina E, Pazos Pezzi P. El duelo y las etapas de la vida. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría [Internet]. 2009 [cited 2020 May 25];29(2):455–69. Available from: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S0211-57352009000200011&lng=es&nrm=iso&tlng=es
  2. Pastor P. El duelo en la vejez: características y dificultades [Internet]. Fundación Mario Losantos del Campo – FMLC. 2014. Available from: https://www.fundacionmlc.org/el-duelo-en-la-vejez-caracteristicas-y-dificultades/
  3. Weiskoff M. Duelos durante la vejez [Internet]. Manejo del Duelo. 2013. Available from: https://manejodelduelo.com/duelos-durante-la-vejez/
  4. Pérez G. Duelo y Reminiscencia. Nota Gerontológica V. [Internet]. CENTRO DE ESTUDIOS SOCIALES ARGENTINO. 2018. Available from: https://institucionalcesa.wordpress.com/2018/01/26/duelo-y-reminiscencia-nota-gerontologica-v/
  5. Mayormente. Reminiscencia: ¿puede tu pasado mejorar tu presente? [Internet]. MayorMente. 2019. Available from: http://mayormente.com/reminiscencia-puede-tu-pasado-mejorar-tu-presente/
  6. González R. ¿Qué es la terapia de reminiscencia y cómo se puede realizar? [Internet]. ESTIMULACIÓN COGNITIVA GLOBAL. 2018. Available from: http://www.estimulacioncognitiva.info/2018/04/11/qu%C3%A9-es-la-terapia-de-reminiscencia-y-c%C3%B3mo-se-puede-realizar/