La muerte de la pareja: una vivencia de varios duelos

La muerte de la pareja puede ser una de las experiencias más desestabilizadoras a las que nos podemos enfrentar ya que este duelo recorre una doble vía: el dolor por la ausencia física de ese ser amado y el duelo por la identidad y proyecto de vida construido en conjunto.  En la relación de pareja ambas personas suman afectos, historias de vida, planes y expectativas. La vida en pareja representa un ejercicio de crecimiento mutuo, con cambios, renuncias, ganancias, satisfacciones y frustraciones que proporcionan estabilidad y confianza, incrementando el disfrute de las experiencias positivas y amortiguando el malestar en las negativas (1).

Es por esto que cuando hablamos de la muerte de la pareja es necesario reconocer las múltiples perdidas que vive el doliente (1,2):

  • La identidad: este tipo de duelo cambia radicalmente “lo que somos”. De concebirse y nombrarse con relación a otra persona, con el que se construye y se comparte la vida, se tiene que pasar a reconocerse en función de la pérdida , de la “viudez”.
  • El estado civil y el estatus: en este tipo de pérdida cambia la forma de nombrarse a sí mismo, el doliente pasa de ser “casado/a” a ser “viudo/a”.
  • La seguridad económica: muchas veces la estabilidad económica y financiera se basa en un rol compartido, por lo que la muerte implica una disminución de ingresos.
  • La vida sexual: Al perder la pareja se pierde esa persona con quien se compartía la sexualidad y la intimidad. Esta es una experiencia subjetiva e individual que puede tener diferentes manifestaciones: algunas personas decretan “la muerte de su vida sexual”; otras experimentan un incremento de las necesidades sexuales al principio del duelo, lo que causa malestar porque sienten que traicionan la memoria de la pareja fallecida; otros pueden sentir miedo de reiniciar la vida sexual por los señalamientos sociales que pueden recibir. 
  • La autoestima: la pareja proporciona la sensación de ser aceptado, querido y respaldado, lo que con frecuencia se ve afectado con la muerte.
  • La compañía y el apoyo: se pierde la persona que acompaña y apoya en el cuidado de la familia, los sueños, planes y proyectos.
  • Los planes a futuro: Los planes de las parejas, sean a corto o mediano plazo, se ven alterados con la muerte de unos de sus miembros. Planes como viajes o la adquisición de bienes, o bien otros a largo plazo como la jubilación y la vejez, se alteran y modifican con la muerte de uno de los miembros.

Es así como este duelo implica renunciar a un mundo construido sobre la base de la existencia compartida con el otro, por lo que la realidad se vuelve insegura, impredecible y confusa; se experimenta una sensación de peligro (¿riesgo?), de estar incompleto, soledad, vacío y falta de sentido sobre el futuro, puesto que queda la duda sobre cómo continuar sin esa persona (1,3). 

En este contexto, las emociones y sensaciones que suelen experimentarse con intensidad son (1,3): 

  • Tristeza por la muerte, por quedarse solo, por los hijos que se quedaron sin padre o madre.
  • Rabia, con la vida, con esa persona por haber muerto, con uno mismo por no saber vivir sin él o ella.
  • Soledad, que puede ser intensa frente al cuidado de los hijos cuando el apoyo social de los primeros momentos del duelo empieza a disminuir.
  • Culpa, por no haber podido evitar la muerte y por “no darle el valor que tenía” la pareja ya que, muchas veces, es cuando ocurre la pérdida que se toma consciencia de la cantidad de roles que esa persona desempeñaba en la vida diaria.
  • Miedo, por la incertidumbre de cómo será el futuro sin la pareja y por las responsabilidades que ahora recaen en una sola persona.

Existen, igualmente, una serie de manifestaciones características asociadas a la  pérdida de la pareja (4,5):

  • En la dimensión física y de la salud: aumento de dolores de cabeza, temblores, vértigo, taquicardia y síntomas gastrointestinales. Algunas personas pueden incluso tener dificultades cardíacas.
  • En lo cognitivo: la percepción puede verse alterada cuando la realidad se sobrecarga con la ausencia. Es posible que se perciba el olor característico de la persona, el sonido de sus pasos, incluso se puede escuchar su voz por momentos. El pensamiento se centra en el pasado, especialmente en lo que aparentemente no se valoró, y en el futuro, en lo que no se alcanzó a hacer.

También, existen algunas diferencias en la vivencia del duelo según el género y la etapa de la relación (1,5).

Aspectos diferenciales según el género:

  • Identidad: las mujeres suelen cambiar su apellido para adquirir el de la pareja, asumiendo así su estatus ligado a ser “la esposa de…”, por lo que cuando ocurre la muerte de la pareja masculina, la mujer se enfrenta a una crisis de identidad que no se presenta con la misma intensidad en el hombre.
  • Roles familiares: cuando hay hijos/as en la familia, los hombres tienen que adaptarse a los roles de cuidado que suplía la mujer, tales como: llegar temprano a casa, ayudar a los niños/as con las tareas, ocuparse de las compras, incluso manejar el desajuste emocional de los hijos/as que pierden a la madre. Esto puede significar gran presión para el hombre que no está acostumbrado a cumplir estos roles, lo que puede llevar a reorganizar rápidamente su vida con otra pareja y así encontrar nuevamente un equilibrio. La mujer, por su parte, debe equilibrar todas las tareas del hogar y la crianza con la búsqueda de la estabilidad económica. Pueden sentirse sobrecargadas y exhaustas, dado que el apoyo social tiende a disminuir más rápido para las mujeres, quienes deben cubrir, rápidamente, todas las necesidades de los hijos/as.
  • Expresión emocional y apoyo social: las mujeres suelen recibir más apoyo social y se les permite con más frecuencia la expresión de las emociones. A los hombres les piden que sean fuertes y esto dificulta encontrar espacios de expresión de sus emociones, lo que evita que pidan ayuda, sobrellevando sus emociones sin confrontarlas.
  • La vida social: este aspecto es impactado por las expectativas sociales que existen sobre el hombre y la mujer. La imagen del viudo suele ser más positiva y usualmente se espera que rehaga su vida pronto y consiga “otra madre” para sus hijos/as, en el caso de que existan. En cambio, se espera que la mujer se enfoque por completo en la crianza y sostenimiento de los hijos/as y culturalmente se le exige guardar un determinado tiempo de luto.

Aspectos diferenciales según la etapa de la relación:

  • Cuando la relación está empezando nos encontramos con la idealización de la pareja, por lo que la muerte se asocia a la perdida de la “pareja perfecta” y a las ilusiones que no se terminaron de concretar. En estos casos, el dolor intenso de la perdida se centra en “lo que no se alcanzó a hacer”.
  • Cuando hay hijos/as en etapa de niñez o adolescencia se requiere un ajuste de los roles familiares que pueden inhibir el proceso de duelo, ya que tanto los hombres como las mujeres se concentran tanto en el bienestar de los hijos/as y en la idea de “tengo que ser fuerte para ellos/as”, que la elaboración del duelo entra en riesgo.
  • En la edad madura, con más de 20-30 años de relación, la identidad tiene un peso independiente del género. Hay una vida construida en conjunto, los amigos y los planes suelen ser los mismos y los hijos ya se han ido de casa. En este momento las parejas esperan una vida de plenitud después de cumplir con las responsabilidades de la crianza, educación y el logro de una estabilidad económica. Las personas suelen sentirse con mucha vitalidad para quedarse solas pero muy mayores para conseguir otra pareja.
  • Enviudar durante la vejez puede exacerbar la sensación de soledad, no solo por la pérdida en sí del cónyuge, sino por la pérdida de amigos y gente cercana que forman parte de una generación ya envejecida. Igualmente, se pueden presentar problemas de salud, acompañados por el temor a convertirse en “una carga” para los hijos. Todas estas situaciónes pueden producir cuadros de depresión, apatía, e incluso de pensamientos de muerte,

Los duelos “prohibidos” o secretos:

Existen relaciones de pareja que no son matrimonios o uniones tradicionales pero que, aunque socialmente sean desaprobadas, tienen un valor afectivo importante para quienes las viven, como ocurre muchas veces con parejas homosexuales, relaciones extramatrimoniales. En estos casos, cuando ocurre la muerte los duelos no son validados, y, por lo tanto, no cuentan con apoyo social. Estos son duelos inhibidos, que constituyen un riesgo para la salud mental ya que la ausencia de expresión emocional puede conducir a desarrollar un duelo complicado. En estos casos es importante buscar apoyo profesional que permita elaborar el duelo en un espacio de expresión libre de juicios (1).

Rehacer la vida

“Empezar de nuevo” cuando se ha perdido al cónyuge requiere de una previa reorganización de la identidad y de la cotidianidad. Para esto, las personas tienen que desarrollar nuevas habilidades que les permitan asumir los roles que antes desempeñaba el fallecido y aprender por ellas mismas a tomar las decisiones que se hacían en conjunto. Esto puede generar sentimientos de culpa por “continuar mientras él/ella no puede”.

Rehacer la vida no implica “renunciar” a la pareja, sino la posibilidad de reubicarla psicológicamente en nuestra historia, entendiendo que no podrá ser reemplazado, aunque se inicie una nueva relación sexo-afectiva. Muchas personas experimentan angustia al pensar en “rehacer la vida” con alguien, ya que ellos pueden percibir que están deshonrando la memoria de ese ser querido.

Es importante reconocer los ritmos y tiempos de cada persona. Cada duelo es individual y subjetivo y no hay “apuro” para rehacer la vida. Al no existir un tiempo “apropiado” para el duelo, permítase volver a vivir cuando se sienta preparado/a para hacerlo. Permitirse vivir el duelo es necesario para reconstruir la identidad.

Recomendaciones para vivir el duelo por la pareja:

  • Exprésate: la expresión emocional es fundamental para cualquier tipo de duelo. Busca espacios o personas con las que te puedas expresar y llorar. Es doloroso pero necesario para sanar.
  • Autocuidado: es posible que tengas dificultades para dormir y poco apetito, te vas a sentir cansado, irascible y con dificultades para concentrarte. Sin embargo, asegúrate de cuidar la higiene del sueño y de alimentarte correctamente. Haz ejercicio y mantén los controles médicos. Evita el consumo de alcohol y otras sustancias como mecanismos para “olvidar”, ya que evitar el dolor no ayuda a elaborar el duelo. La reconstrucción de la identidad requiere de un compromiso contigo mismo y por eso el autocuidado es importante.
  • Establece rutinas: los pensamientos pueden ser agobiantes. El pasado agobia por lo que no se pudo hacer o los recuerdos abruman, y el futuro da miedo. Establecer rutinas ayuda a vivir el momento presente y facilita la reorganización del día a día.
  • Los hijos/as: “ser fuerte” para no afectar a los hijos/as solo carga más y produce un mayor gasto de energía. Es preferible e incluso más llevadero si se habla con ellos y se les enseña que ante una situación triste, como la muerte, esta bien sentirse mal y que entre todos pueden acompañarse, apoyarse y ayudarse.
  • No tienes que hacerlo solo/a: si necesitas compañía comunícaselo a las personas que pueden acompañarte. En este duelo se tienen que tomar muchas decisiones, intenta no hacerlo solo/a, pide consejos y apóyate en otros seres queridos.
  • Busca ayuda profesional: a veces la situación nos desborda y necesitamos pedir ayuda. Esto es señal de salud mental y un profesional puede apoyarte en este proceso, facilitándote la expresión emocional y resignificación de tu pérdida.

15 de febrero de 2021

Ana Carolina Calvo Orrego

Referencias:

1.  Fonnegra I. De Cara a la Muerte. Andrés Bello; 2001. 296 p.

2.  Yoffe L. Nuevas concepciones sobre los duelos por pérdida de seres queridos. Av En Psicol. 13 de diciembre de 2017;21(2):129-53.

3. ¿Cómo Lidiar con el Dolor por la Pérdida de la Pareja? [Internet]. Manejo del Duelo. 2015. Disponible en: https://manejodelduelo.com/como-lidiar-con-el-dolor-por-la-perdida-de-la-pareja/

4. Neimeyer R. Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Grupo Planeta; 2019. 330 p.

5. Nieto P. El duelo del cónyuge [Internet]. MARTINELLI; Disponible en: https://www.martinelli.com.uy/sitio/repo/arch/martinellimaterialdeapoyoparaeldueloelduelodelcnyuge.pdf