La muerte y los rituales

La muerte es un tema tabú. Normalmente está impregnada de miedo, lo que nos lleva a evitar nombrarla y reconocerla hasta que ocurre. Es en ese momento donde se le da un lugar único y especial, se le hace protagonista y la integramos como parte inamovible de nuestras vidas. Ese lugar es por excelencia lo que se denomina “ritual funerario”.

Un rito es una actividad ceremonial que a partir de una serie de requisitos, formalidades y simbolismos envuelven cualquier suceso importante de la vida de los seres humanos. Nos movemos en un sinfín de significados y significantes que van marcando cada momento importante. En un baby shower todo hace alusión al bebé que está por llegar y al nuevo rol de padres, los símbolos de un matrimonio buscan reflejar la unión, la prosperidad y el amor.  En este sentido, en un funeral buscamos resaltar la vida de la persona que murió y también marcar una separación entre esa muerte y nuestra propia vida. Los ritos proporcionan aprendizajes y adaptación a diferentes situaciones, y en el caso de a la muerte en ellos encontramos la aceptación de esta y de nuestro propio duelo. 

Así, el objetivo de un ritual funerario es principalmente terapéutico, ya que proporciona la posibilidad de dotar de sentido a la ausencia y orientarse a la sobrevivencia del dolor provocado por la muerte del ser amado. En los rituales logramos cerrar asuntos pendientes y cumplir con las “obligaciones” morales que tenemos con la persona fallecida, por eso quienes quedan se llaman “deudos”, que son los que se encargan de toda la preparación de las ceremonias y de los detalles del entierro o de la cremación y disposición de las cenizas según sean las costumbres o decisiones de la persona fallecida.  

Los ritos le dan un lugar a la muerte y también a nuestras expresiones sobre ella. Son los espacios donde la expresión emocional y el llanto en su máximo esplendor parecen ser plenamente aceptados. Es en el ritual donde se da el primer paso para la aceptación y comprensión de que hubo una pérdida que traerá grandes cambios a nuestras vidas, es donde se inicia el proceso de duelo. Allí su importancia.

“Así empieza el camino de las lágrimas. Así conectándonos con lo doloroso. Porque es así como se entra en este sendero…”

Jorge Bucay, El Camino de las Lágrimas.

Los rituales funerarios se piensan, diseñan y realizan en honor a la persona fallecida, pero su objetivo principal son los deudos. El mensaje tiene que ver con el doliente, ya que este tiene una deuda simbólica con el fallecido, por lo tanto, los rituales apuntan a fortalecer al sobreviviente, construyen herramientas para enfrentar a la pérdida y permiten iniciar el proceso de duelo como tal, en conclusión, es paliativo.

Contribuyen a reducir la ansiedad y el sentimiento de incertidumbre, reafirma la pérdida mientras favorece lazos sociales, disminuyen la sensación de soledad y permiten la canalización de las emociones intensas. En últimas, brinda una sensación de control al establecer la separación entre el cuerpo y el alma de la persona fallecida, produciendo una sensación de bienestar en medio del sufrimiento. 

Así mismo, al proporcionar un espacio para nombrar, recordar y llorar a la persona fallecida, permite conmemorarla y hacer realidad su ausencia, dando paso al proceso de duelo. Por esto, la imposibilidad de realizar los ritos puede afectar la elaboración de los duelos y desencadenar problemas de salud mental a futuro, de este modo, en las condiciones actuales hay que buscar alternativas, no que reemplacen las tradiciones, sino que nos permitan lograr la aceptación de la muerte y su experiencia, así como la expresión emocional propia del inicio del duelo. 

Para ver otras opciones de ritos de despedida puedes revisar: Rituales de despedida alternativos