Los derechos de las personas en duelo

Como hemos hablado en otras ocasiones, el proceso de duelo es aquel que vivimos cuando ocurre la muerte de una persona significativa para nosotros (Ver artículo El Proceso de Duelo). Las personas que atraviesan un duelo lo describen como “una montaña rusa de emociones” en el que se viven muchas cosas, es desordenado y doloroso, con muchas emociones, sentimientos y experiencias que son difíciles de entender. Sin embargo, es necesario para poder sanar esa herida que nos deja la muerte y adaptarnos a vivir de una forma saludable con la ausencia del ser amado.

Durante el proceso, las y los dolientes se enfrentan a muchas cosas. Recuerdos constantes del ser querido y de su fallecimiento generados por el pensamiento o por estímulos externos que aparecen sin ser buscados de forma consciente, fechas importantes (cumpleaños, cumplemés, aniversarios, etc.), tener que continuar trabajando o estudiando como ‘si nada hubiera pasado’, entre otras. Todo esto produce muchas emociones y sentimientos intensos y muchas veces confusos que además suelen ser juzgados y limitados por un contexto social que, al ir a toda velocidad, no le da espacios al sufrimiento, tan necesarios en el duelo.

Por eso, hoy queremos hablar sobre los derechos que tienen las personas que están viviendo un duelo por el fallecimiento de un ser querido, asuntos que son necesarios respetar para facilitarles un proceso saludable, que les permita reorganizarse, resignificar y cuidar su salud mental.

1. Derecho a llorar.

Llorar es una forma de expresión emocional cuando no existen palabras suficientes para describir lo que se está sintiendo. Lloramos por tristeza, rabia, miedo o alegría. Lloramos porque nos sentimos solos, culpables, indignados, con impotencia o porque estamos viviendo una experiencia feliz, que en duelo resultan ser ambiguas.

El problema es que socialmente hemos hecho una equivalencia entre llanto y debilidad o entre llanto y depresión, lo que resulta inconveniente porque se busca reprimirlo para no preocupar a las personas que nos quieren y para tratar de ser “socialmente adaptativos”. El asunto es que cuando se reprime se incrementa el malestar físico, psíquico y emocional pudiendo llevarnos incluso a enfermarnos.

Cuando vivimos un duelo, no solo necesitamos llorar, sino que tenemos derecho a hacerlo cuantas veces lo necesiten. No existe un tiempo especifico para dejar de llorar ni es clínicamente patológico, hace parte de la segunda tarea del duelo: expresar las emociones que experimentamos.

2. Derecho a sentirse mal.

El duelo nos obliga a detenernos en un mundo que funciona a toda velocidad y que no admite el inevitable malestar emocional. De allí que sea tan difícil permitirse vivir el duelo, pues nos encontramos entre el mundo interno que sufre por un ser querido que ya no está y el mundo externo que nos exige sonreír, ser optimistas y presentarnos como si nada pasara. Al final, aunque podemos lograr poner “buena cara”, el malestar emocional se incrementa.

Por eso, estando en duelo tenemos derecho a sentirnos mal, a reconocernos vulnerables y en sufrimiento. Solo así podremos darles manejo a todas las manifestaciones propias de la experiencia. Y es importante que el mundo externo aprenda a tolerar ese malestar.

3. Derecho a sentir rabia.

Si bien el duelo se asocia naturalmente con la tristeza, la rabia también suele ser una emoción predominante en la experiencia. Sentimos rabia por la muerte, por no poder evitarla, por tener que enfrentar un mundo nuevo que no queremos, porque la sociedad nos exige continuar y estar perfectamente bien, quienes son creyentes pueden tener rabia con Dios y quienes no con la vida. Da rabia llorar, estar tristes. Da rabia sentir rabia.

El problema es que está emoción ha sido etiquetada como “negativa”, a pesar de que nos permite identificar las situaciones en las que es necesario establecer límites para cuidarnos y además, nos moviliza a generar los cambios necesarios para lograr bienestar. Por eso, aunque genere mucho malestar, cuando estamos en duelo tenemos derecho a sentir, experimentar y expresar nuestra rabia.

4. Derecho a poner límites.

La única persona que puede saber con certeza lo que necesita para ir atravesando el proceso de duelo es quien lo está viviendo. Con la idea de “dar ánimo” y sin mala intención, muchas personas se vuelven insistentes en decirnos lo que debemos hacer para sentirnos mejor y como debemos sentirnos respecto a la muerte. Al mismo tiempo, como nos dicen que no podemos llorar y que debemos ser fuertes, nos sentimos obligados a cumplir con todas exigencias sociales pues parece ser “lo correcto” en ese momento.

Sin embargo, cuando estamos en duelo podemos ser muy cambiantes, a veces queremos una cosa y otras veces otras, porque es una montaña rusa de emociones y las necesidades para afrontarlo van variando. Por eso, una persona en duelo tiene derecho a decir “no quiero hacer esto”, “no quiero hablar de esto”, “no me siento bien con lo que me estás diciendo”, etc., tiene derecho a poner limites a las propuestas e interacciones que los demás traen, pues el dolor solo le pertenece a quien sufre y esto no debería ser motivo de ofensa para quien recibe esos límites, pues es una forma de decirle ¿Cómo queremos ser acompañados?

5. Derecho a hablar del ser querido.

Para muchas personas resulta alarmante que un doliente siga hablando de su ser querido después de un tiempo determinado que es subjetivo, bajo la idea de que al superar el duelo ya no se debería recordar con intensidad. Sin embargo, superar el duelo no significa olvidar y las narrativas sobre esa persona amada y la relación que teníamos con ella, nos ayudan a resignificar la experiencia de pérdida, lo que significa integrarla a nuestra vida y poder recordar sin angustia.

Eso no significa que se deba forzar al doliente a hablar si o si de la persona fallecida, solo significa que tenemos derecho a hacerlo las veces que queramos, no importa el tiempo que haya pasado de la muerte.

6. Derecho a tomar decisiones sin ser juzgados.

En el proceso de duelo son muchos los cambios que enfrentamos y con ellos, infinitas decisiones que debemos tomar. Aunque lo recomendable es no tomar decisiones vitales cuando experimentamos una alteración emocional importante, pues podemos tener nublados nuestros criterios y tomamos decisiones por las razones equivocadas, es importante que podamos decidir sobre las pertenencias de la persona fallecida y sobre las acciones a tomar para poder reorganizar la vida basados en lo que nos produce tranquilidad y bienestar, sin ser juzgados por ello.

Es posible y beneficioso ayudar a la persona en duelo a ver pros y contras de las opciones disponibles para resolver problemas, de forma que podamos darle una perspectiva diferente, sin imponerle nuestras ideas de lo que debe o no hacer. El duelo es un proceso activo en el que el doliente necesita recuperar el control de su vida y en ese proceso, la toma de decisiones es fundamental.

7. Derecho a sonreír.

Es posible llorar y reír al tiempo, y las personas en duelo lo saben más que nadie. La risa, el humor son, al igual que el llanto, una forma de expresión emocional y como tal, tenemos derecho a reírnos, discretamente o a carcajadas.

8. Derecho a disfrutar la vida.

Paradójicamente, mientras el dolor, el malestar y el sufrimiento parecen ser socialmente inconvenientes, para las personas en duelo – y para muchos a su alrededor – disfrutar de los momentos que trae la vida resulta muy problemático. Se generan sentimientos de culpa, tristeza, rabia y miedo por sentir algo de bienestar frente a la realidad de la muerte de un ser amado.  

Sin embargo, el duelo se trata de nosotros, los dolientes. Por eso, tenemos derecho a descansar del dolor, sonreír y disfrutar los momentos que podemos. Eso nos ayuda a recordar que a pesar de todo estamos vivos y podemos continuar sin que eso signifique dejar de amar a esa persona.

9. Derecho a reorganizar la vida y continuar.

Finalmente, el objetivo del duelo es que podamos recordar a nuestro ser querido con amor, sin angustia y así, reorganizarnos y continuar viviendo. Cuando vivimos un duelo, además de que tenemos derecho a sentir todo lo que nos genera tanto dolor y malestar, también tenemos derecho a soñar, a tener momentos de felicidad, a sentir alegría por nuestros logros, a vivir y sentirnos bien.

Cuando enfrentamos la pérdida de un ser querido, permitirnos vivir el duelo es un lujo en medio de un mundo que no tolera el sufrimiento. Experimentar el duelo es necesario para sanar, para reorganizarnos y poder continuar viviendo a pesar del dolor. Por eso, defenderlo es cuidar nuestra salud mental.

24 de septiembre de 2021
Redactado por Ana Carolina Calvo O.