Procesos del Duelo

La muerte de un ser querido es de las experiencias más difíciles de afrontar y aunque nada nos puede preparar, saber sobre el duelo podría ayudarnos a construir sentidos y así sobrellevarlo.

El duelo es una reacción psicológica normal y esperable que responde a la adaptación ante la pérdida de alguien o algo significativo en nuestras vidas. Se trata de un proceso en el que se busca sobreponerse a la pérdida y resignificarla, lo que significa ubicarla de una forma menos dolorosa en nuestra existencia, más no olvidar al ser querido.

La muerte de una persona amada genera cambios en el mundo interno y externo de cada persona cercana, lo que hace que el duelo sea un proceso necesario de reconstrucción de significados. Es doloroso, individual y subjetivo, dos personas no viven un duelo de la misma manera ni en los mismos tiempos. No existen reglas para este proceso ni un ABC que lo explique de forma lineal y exacta. Sin embargo, sí hay algunos momentos que las personas atraviesan mientras elaboran un duelo y unas metas o tareas del proceso que poco a poco nos llevan a que el dolor disminuya, en resumen sobrevivir a ese dolor.


Etapas de Duelo:

Diferentes teorías psicológicas desarrollan la idea del duelo por etapas o fases. Sin embargo, ninguna logra establecer un patrón por el que pasan todas las personas, ya que el duelo es un proceso individual y subjetivo, cada quien lo vive diferente.

Adaptarse exige una transformación, por lo que hay un consenso en que en el proceso del duelo se atraviesan unos momentos (no tienen que seguir un orden secuencial, pueden presentarse varios a la vez o pueden repetirse) en los que poco a poco se va asimilando la muerte de nuestro ser querido y se da lugar a la resignificación de esa pérdida. Estas etapas o momentos más claros en las personas son:

SHOCK Y NEGACIÓN

Ocurre cuando nos dan el diagnóstico de una enfermedad o cuando ocurre el fallecimiento de un ser querido. Se caracteriza por una sensación de aturdimiento, de irrealidad en que es difícil creer que un evento está ocurriendo. En este momento tenemos una mezcla de emociones y sentimientos, podemos pasar de la tristeza a la rabia y también tener momentos de absoluta tranquilidad, por lo que puede ser muy confuso. También se puede experimentar culpa por no poder cambiar la situación. Tenemos sentimientos de añoranza y nostalgia frente a esa persona amada. Normalmente en esta fase se dan los rituales funerarios (por ejemplo, las misas y los velorios), por lo que tenemos mucho apoyo social, la gente nos acompaña y las personas cercanas suelen estar muy pendiente de nosotros.

DESESPERACIÓN Y ENTREGA AL DOLOR

Ocurre cuando el apoyo social empieza a disminuir, se han terminado las ceremonias conmemorativas a la persona fallecida y tenemos espacios de soledad y silencio que nos permiten dimensionar la pérdida que acabamos de sufrir, hacemos consciente el hecho de que esa persona no va a volver. Nos enfrentamos a la ausencia y hacemos consciente la pérdida. Predomina la tristeza, desesperanza y tenemos la tendencia a aislarnos, las visitas suelen incomodar porque queremos estar solos. Hay desorganización , por tanto es posible que abandonemos ciertas rutinas habituales e incluso podemos adoptar algunos comportamientos de la persona que ya no está entre nosotros. Constantemente pensamos en esa persona fallecida y pueden aparecer sentimientos de angustia y enojo hacia uno mismo, nuestro ser querido que falleció o hacia otras personas (familiares, amigos, compañeros, entre otros). Es común buscar al ser querido, hablarle, sentir la presencia o soñar constantemente con la persona fallecida.

REORGANIZACIÓN Y RECUPERACIÓN

El dolor empieza a disminuir. Empezamos a mirar hacia el futuro y a reconstruir nuestro mundo. Se comprende la pérdida, sentimos esperanza e identificamos algunas emociones positivas que nos permiten plantear nuevos objetivos y relaciones en nuestras vidas. Algunas personas sienten culpa en este momento, pero llegar a este momento es el objetivo de un proceso de duelo. Al recuperarse del dolor por la pérdida de un ser querido iniciamos una nueva etapa en nuestra vida, retomamos actividades que teníamos antes (trabajo, estudio, deporte, entre otros), muchas veces empezamos a hacer cosas nuevas y a reestructurar la propia identidad. Hay una recuperación del funcionamiento, se sienten ganas de vivir y definitivamente no se vuelve a ser el mismo, la apreciación frente a la vida se transforma.

“Los duelos duelen y no se puede hacer nada por evitarlo” (Bucay, 2006)

Tareas del Duelo:

Cómo vemos en las fases del duelo el objetivo es recuperarse de la pérdida de un ser querido. Pero esto requiere que nos “hagamos cargo” o “trabajemos” en nuestros pensamientos, recuerdos y emociones asociadas a esa pérdida. Por esto el duelo es un proceso en el que es normal sentirse agotado. Son 4 logros que vamos alcanzando en la elaboración del duelo, pueden ocurrir en diferente orden e incluso darse varias al mismo tiempo.

Aceptar la realidad de la pérdida del ser querido, asumiendo que es irreversible.

La muerte es algo definitivo, aunque nos duele y quisiéramos cambiarlo, no es posible. Vivir el duelo implica vivir el dolor que nos permite hacer evidente esta realidad.
No negar el sufrimiento que supone la pérdida: permitirse mostrar y expresar las emociones y el dolor.

El duelo duele y está bien expresarlo y mostrarlo. Las emociones permiten darle sentido a lo que estamos viviendo, y reprimirlas solo lleva a que duela más. Por eso en el proceso de duelo la expresión emocional es tan importante.
Adaptarse a un medio en el que el fallecido ya no está presente.

Como dijimos, perder a un ser querido implica una serie de cambios internos y externos. Ya no vemos la vida igual y los significados de los espacios, por ejemplo, en el hogar se vuelven muy intensos. Adaptarnos a esa ausencia necesita un cambio en los significados de esos lugares, que nos permita sentirnos cómodos en ellos. Esto no es fácil, requiere que nos demos tiempo en nuestro proceso de duelo.
Reubicar emocionalmente al ser querido muerto, lo que no implica olvidarlo, sino resignificar su pérdida para poder continuar viviendo eficazmente.

Recordar con amor y no con dolor es lo que nos permite darle cierre a nuestro proceso de duelo. Algunas personas creen que el objetivo es olvidar a la persona amada, pero eso nunca ocurre y la sensación de no lograrlo intensifica el dolor, por eso la meta no es olvidar sino recordar a esa persona sin que su recuerdo nos cause dolor. Resignificar la pérdida se refiere a eso, a lograr un recuerdo sano de nuestro ser amado que nos permita seguir viviendo de forma tranquila.

Recordemos que el duelo es un proceso doloroso, de ahí su nombre duelo., requiere tiempo y paciencia. No podemos forzarlo ni ponerle reglas. Poco a poco vamos pasando cada etapa y logrando cada tarea, hasta que podamos recordar a nuestro ser querido con amor y no con dolor.