Vivir el duelo en familia

Las personas establecen vínculos afectivos con los elementos de su espacio vital, vivenciándolos como propios, por lo tanto, la experiencia actual da lugar a grandes cambios en el espacio vital, que permiten desarrollar un nuevo esquema de constructos acerca del mundo que lo rodea, acorde a las nuevas circunstancias vitales.

No obstante, la experiencia individual (única, particular) se desarrolla en un contexto familiar y a su vez impacta esa vivencia familiar, ya que las pérdidas implican la alteración del sistema familiar, en el que la vivencia de cada miembro influye y es influida por la de otros miembros que se interrelacionan entre sí y al grupo en sí mismo. Así, las pérdidas suponen cambios y una reorganización, en la que las etapas y tareas de duelo individuales y familiares se influyen entre sí:

Duelo IndividualDuelo Familiar
Aceptar la realidad de la pérdida.Expresar las emociones y el dolor.Adaptarse a un nuevo medio en ausencia del ser querido.Reubicar emocionalmente al fallecido y retomar la vida.Reconocer en familia la realidad de la pérdida. Experimentar juntos el dolor.Reorganización del sistema familiar (adoptar nuevos roles).Reintegración en relaciones y proyecto de vida

En esta relación bidireccional entre individuo-familia, encontramos un deseo y necesidad de cuidar al otro, y este cuidado puede verse influenciado por las falsas creencias sociales sobre el duelo que, bajo la idea de “no agobiar” a los otros, las personas suelen anular o limitar las expresiones emocionales propias, por lo que se hace necesario posibilitar y permitirse la experiencia del dolor compartido. 

Por eso la familia como unidad hace la elaboración de un duelo en el que reorganiza roles, funciones y rutinas hasta que logra la adaptación a la pérdida y un nuevo equilibrio y también hace sus veces de red de apoyo primaria para cada uno de los dolientes. En este sentido es importante:

  • Expresar juntos las emociones que nos produce la pérdida. Dar un espacio para hablar sobre esto, sentir lo que nos genera, mirar juntos fotos, recuerdos, etc. 
  • Escuchar desde la empatía. Acompañar desde el respeto del proceso del otro, recordemos que cada persona vive el duelo de formas y en tiempos diferentes. 

De esta manera, consideramos que la estrategia fundamental para el manejo de los duelos es darse tiempo y permiso para abordar de forma sintiente y consciente el proceso y así poder restablecerse y no hablamos de un tiempo muerto, ya que el tiempo por sí solo no alivia, sino de un tiempo y espacio donde llevar a cabo una serie de acciones y tareas nos permitirán atravesar el dolor y poco a poco superar la pérdida y por lo tanto volver a sentir bienestar emocional. Para acompañar es imprescindible que escuche al otro, lo comprenda, lo respete en sus decisiones. El duelo es un momento para aquietarse, observarnos, para acompañar en la soledad (pensarse, sentirse), entendiendo que la tristeza tiene esas funciones y es necesario permitirla en nosotros. Es comprensible que nos angustie la tristeza y el dolor del otro y queremos moverlo y sacarlo de esa situación, el problema es que al ser intrusivos y buscar llenar esos espacios, entretenerlo para que se sienta mejor, terminamos cosificando a esa persona que queremos cuidar, en lugar de acompañarlo en su proceso que es normal y esperable.  

La idea como familia es permitir y alentar a que los procesos se orienten en dos polos, por un lado, es necesario conectarnos con la dimensión emocional de estos eventos, darnos la oportunidad de sentir el malestar, de comprenderlo, lidiar con él y transformarlo, pues es el dolor y de alguna manera el sufrimiento el que nos indica la dimensión de lo perdido en nuestras vidas. Y, por otro lado, es necesario irnos moviendo hacia la dimensión funcional de la vida, como el trabajo, el estudio, el cuidado de la familia, incluso el disfrute. La capacidad de conectarnos con lo doloroso y con el seguir viviendo de forma alterna es lo que nos permite recuperar el funcionamiento de nuestra vida y restaurar el bienestar. 

La capacidad de expresarnos emocionalmente, lo que significa ser auténticos y honestos con nosotros mismos y con los otros, y permitirle lo mismo al otro a través de la escucha es una tarea necesaria para la elaboración de duelos y, por tanto, para la reorganización de la vida. Por eso, es importante promover y permitir la expresión de niños y personas mayores, es posible que los niños no sepan cómo hacerlo y los mayores lo evitan para no preocuparnos, sin embargo, la no expresión no significa que esa carga emocional ligada al malestar no exista, por lo que es importante darles un lugar en la experiencia.

Las familias en condiciones normales siempre están atravesando crisis y momentos difíciles que vienen cargadas de emociones intensas, muchas de las cuales pueden amenazar nuestra estabilidad. Sin embargo, le corresponde a los miembros y al grupo familiar como tal trabajar para ser un apoyo y un factor protector, porque, así como los vínculos son fundamentales para el afrontamiento de las situaciones límites, también están influenciados por imaginarios sociales que se pueden convertir en un factor de riesgo, haciendo más difícil la vivencia de pérdidas y posteriores duelos. De esta manera, la familia puede ser esa entidad que nos cuida y nos sirve de soporte y puede ser cuidada y soportada por nosotros. Cuando la pérdida la sufre un miembro específico la familia puede acompañarlo, y cuando la pérdida la sufre la familia, todos los miembros se acompañan, y así como relacionamos y unimos alrededor de metas y objetivos, podemos hacerlo alrededor del dolor compartido, siendo la familia la que puede ser el sostén que nos permite atravesar esos bosques desiertos con la esperanza de un mañana mejor.